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Edición 2944 - Viernes 21 de Noviembre de 2008
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Claves y dilemas a la hora de decidir

Escribe
Dr. Ezequiel Stolar


Muchos de los lectores (con la ¿ayuda?
de su grupo familiar) se enfrentan a la realidad de tener que decidir respecto de sus estudios universitarios de grado o posgrado. En este último caso, tal vez el camino es más sencillo o previsible. Pero evidentemente se trata de tener que tomar una decisión con una profunda carga de angustias y miedos.
Decidir implica resolver, tomar una determinación, y en este tema significa tener que dar un paso íntimamente ligado a lo que se entiende como construcción del futuro.

Se trata de una decisión ciertamente trascendente y que como tal requiere un proceso decisorio con cierto grado de complejidad.

El miedo a la equivocación se convierte en una pesada mochila que muchas veces obnubila al alumno y a su entorno.
Cuando hablamos de entorno nos referimos al contexto social, familia, amigos. Es que muchas veces sus opiniones y consejos toman el indebido carácter de influencia o presión, privilegiando en algunas oportunidades aspectos económicos y en otras, de tipo social.

Lo deseable es convertir esa tarea del “entorno” en una ayuda a la elección, acompañando al alumno en su toma de decisiones, descomprimiendo su preocupación y fundamentalmente ayudando con su participación.
Muchas veces la elección inadecuada tiene su origen en la carencia de información y en la falta de conocimiento de los propios gustos, capacidades y condiciones.

La lucha parece plantearse a priori entre la satisfacción personal y los valores económicos o sociales del éxito. Eso es falso. Se debe simplificar esa ecuación y el alumno debe pensar en términos de si estima que le va a producir un buen nivel de satisfacción en el futuro trabajar en la actividad que eligió.
Esa es la pregunta del millón y la respuesta también vale mucho.

Si de búsqueda de ayuda por Internet se trata, se pueden encontrar verdaderas tablas (y no nos referimos a tablas de salvación) pretendidamente facilitadoras de la selección, del análisis y de la comprensión de la realidad.
Entre los denominados factores externos a tener en cuenta se encuentran el rol social o el reconocimiento social esperado, la realización de un verdadero proyecto profesional y las posibilidades de inserción laboral.
Este último aspecto es muchas veces visto como el prioritario y seguramente no lo es tanto, pues cuando nos referimos a inserción laboral debemos hacerlo en términos no del “hoy”, sino de la visión futura de las posibilidades de trabajo en el ejercicio profesional.

No basta con tener en cuenta la cantidad de avisos clasificados en los diarios pidiendo profesionales en determinada área. Eso es una simple y desgraciada forma de decidir la carrera. Se debe apuntar a una elección que guste y satisfaga, que brinde una sólida formación, que permita ser partícipe de la construcción de un futuro mejor. En definitiva hacer rentable (y no sólo en términos económicos) la vocación.
Y por último, si bien la decisión es trascendente, no lo es menos el hecho de saber que se puede cambiar o volver a elegir.

Pero como en tantas cosas de la vida, se deben dar pasos sencillos en la profundidad del análisis. A priori la disyuntiva es gusto o placer vs. ventajas prácticas o económicas, y ello no siempre es así pues muchas veces veces estos temas corren en el mismo camino.

Lo que resulta indudable es la importancia de tratar de sistematizar los elementos a tener en cuenta para reflexionar y elegir. Entre esos temas no se debe dejar de analizar:
Primero apuntar a decidir qué estudiar y luego dónde estudiar. No se debe alterar este orden en los análisis. Para obtener la respuesta a la primera inquietud, la amplia y variada oferta de carreras, muchas de ellas nuevas e innovadoras, podrá agregar nuevos factores de confusión. Pero fundamentalmente el tema central será decidir entre la supuesta felicidad de lo que gusta y lo que permitirá subsistir.

Cuando esté decidida la carrera, es entonces que se deberá elegir el dónde. Para ello se habrá que tener en cuenta el prestigio académico de las universidades y facultades.

Podemos tomar en consideración planes de estudio, programas, cursos, docentes a cargo y bibliografía. El prestigio alcanzado por muchas casas de altos estudios argentinas es una garantía de las posibilidades que ofrece nuestro país. En síntesis, un camino es mirar los suplementos de los diarios o conocer que en Estados Unidos los estudiantes eligen determinadas carreras, o leer artículos que nos indican que hoy el país necesita tales o cuales graduados; eso vale, pero fundamentalmente es importante conocer qué es lo que quieren y qué es lo que los va a satisfacer y gratificar. Ese es el verdadero eje de la decisión.

 
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