Claves
y dilemas a la hora de decidir
Escribe
Dr. Ezequiel Stolar
Muchos de los lectores (con la ¿ayuda?
de su grupo familiar) se enfrentan a la realidad de tener
que decidir respecto de sus estudios universitarios de grado
o posgrado. En este último caso, tal vez el camino
es más sencillo o previsible. Pero evidentemente se
trata de tener que tomar una decisión con una profunda
carga de angustias y miedos.
Decidir implica resolver, tomar una determinación,
y en este tema significa tener que dar un paso íntimamente
ligado a lo que se entiende como construcción del futuro.
Se trata de una decisión ciertamente trascendente y
que como tal requiere un proceso decisorio con cierto grado
de complejidad.
El miedo a la equivocación se convierte en una pesada
mochila que muchas veces obnubila al alumno y a su entorno.
Cuando hablamos de entorno nos referimos al contexto social,
familia, amigos. Es que muchas veces sus opiniones y consejos
toman el indebido carácter de influencia o presión,
privilegiando en algunas oportunidades aspectos económicos
y en otras, de tipo social.
Lo deseable es convertir esa tarea del “entorno”
en una ayuda a la elección, acompañando al alumno
en su toma de decisiones, descomprimiendo su preocupación
y fundamentalmente ayudando con su participación.
Muchas veces la elección inadecuada tiene su origen
en la carencia de información y en la falta de conocimiento
de los propios gustos, capacidades y condiciones.
La lucha parece plantearse a priori entre la satisfacción
personal y los valores económicos o sociales del éxito.
Eso es falso. Se debe simplificar esa ecuación y el
alumno debe pensar en términos de si estima que le
va a producir un buen nivel de satisfacción en el futuro
trabajar en la actividad que eligió.
Esa es la pregunta del millón y la respuesta también
vale mucho.
Si de búsqueda de ayuda por Internet se trata, se pueden
encontrar verdaderas tablas (y no nos referimos a tablas de
salvación) pretendidamente facilitadoras de la selección,
del análisis y de la comprensión de la realidad.
Entre los denominados factores externos a tener en cuenta
se encuentran el rol social o el reconocimiento social esperado,
la realización de un verdadero proyecto profesional
y las posibilidades de inserción laboral.
Este último aspecto es muchas veces visto como el prioritario
y seguramente no lo es tanto, pues cuando nos referimos a
inserción laboral debemos hacerlo en términos
no del “hoy”, sino de la visión futura
de las posibilidades de trabajo en el ejercicio profesional.
No basta con tener en cuenta la cantidad de avisos clasificados
en los diarios pidiendo profesionales en determinada área.
Eso es una simple y desgraciada forma de decidir la carrera.
Se debe apuntar a una elección que guste y satisfaga,
que brinde una sólida formación, que permita
ser partícipe de la construcción de un futuro
mejor. En definitiva hacer rentable (y no sólo en términos
económicos) la vocación.
Y por último, si bien la decisión es trascendente,
no lo es menos el hecho de saber que se puede cambiar o volver
a elegir.
Pero como en tantas cosas de la vida, se deben dar pasos sencillos
en la profundidad del análisis. A priori la disyuntiva
es gusto o placer vs. ventajas prácticas o económicas,
y ello no siempre es así pues muchas veces veces estos
temas corren en el mismo camino.
Lo que resulta indudable es la importancia de tratar de sistematizar
los elementos a tener en cuenta para reflexionar y elegir.
Entre esos temas no se debe dejar de analizar:
Primero apuntar a decidir qué estudiar y luego dónde
estudiar. No se debe alterar este orden en los análisis.
Para obtener la respuesta a la primera inquietud, la amplia
y variada oferta de carreras, muchas de ellas nuevas e innovadoras,
podrá agregar nuevos factores de confusión.
Pero fundamentalmente el tema central será decidir
entre la supuesta felicidad de lo que gusta y lo que permitirá
subsistir.
Cuando
esté decidida la carrera, es entonces que se deberá
elegir el dónde. Para ello se habrá que tener
en cuenta el prestigio académico de las universidades
y facultades.
Podemos
tomar en consideración planes de estudio, programas,
cursos, docentes a cargo y bibliografía. El prestigio
alcanzado por muchas casas de altos estudios argentinas es
una garantía de las posibilidades que ofrece nuestro
país. En síntesis, un camino es mirar los suplementos
de los diarios o conocer que en Estados Unidos los estudiantes
eligen determinadas carreras, o leer artículos que
nos indican que hoy el país necesita tales o cuales
graduados; eso vale, pero fundamentalmente es importante conocer
qué es lo que quieren y qué es lo que los va
a satisfacer y gratificar. Ese es el verdadero eje de la decisión.
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