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Dos
meses de guerra contra el terrorismo
Escribe Rosendo Fraga
Al
promediar el mes de noviembre, la campaña de los Estados
Unidos y sus aliados contra la red terrorista de Bin Laden muestra
la profunda complejidad del conflicto: las fuerzas aliadas han
entrado en Kabul, obteniendo una clara victoria militar contra
los talibanes, pero simultáneamente la caída del
avión de American Airlines en Nueva York -haya sido accidente
o atentado- muestra que no resulta fácil enfrentar el
terrorismo suicida combinado con el uso de las altas tecnologías.
La imagen de los combatientes afganos -de uno y otro bando-
trasladándose a caballo a comienzos del siglo XXI,
en una guerra en la cual el terrorismo puede utilizar bombas
nucleares de bolsillo o ántrax, muestra la complejidad
del conflicto que se está desarrollando, en el cual
se combinan usos y creencias de la Edad Media con las tecnologías
más modernas.
La
guerra contra el terrorismo llevará mucho tiempo, y
la clave será la inteligencia. Pero mientras tanto,
los Estados Unidos y sus aliados pueden mostrar que han logrado
el objetivo fijado a fines de setiembre: o los talibanes entregaban
a Bin Laden o perdían el poder.
La
contienda interna entre los bandos afganos continuará
en las montañas, como viene sucediendo desde hace mucho
tiempo, y la coalición antitalibán tendrá
muchas dificultades para articular un gobierno, pero la retaliación
por los atentados del 11 de setiembre ha tenido un comienzo.
La
campaña contra el régimen talibán, que
es el primer paso de una larga guerra, ha ido acompañada
de una ampliación de la alianza antiterrorista en términos
militares.
Desde
el inicio, fue británico-norteamericana. El 25 de octubre
entraron en operaciones aviones espías franceses. Al
día siguiente, el primer ministro británico
anunció que sumaría a sus comandos 600 infantes
de marina, como avanzada de una fuerza mayor que incluiría
buques y aviones de combate. Dos días después,
Japón anunció que sus aviones y barcos se incorporaban
a la campaña para misiones logísticas en apoyo
de la alianza anglo-americana, sumándose así
a una guerra por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial.
El
1 de noviembre, Turquía -el único miembro musulmán
de la OTAN- anunció la creación de una unidad
especial de 90 hombres para combatir el terrorismo, apoyar
las operaciones comunitarias y entrenar a las fuerzas antitalibanes
de Afganistán. Cabe destacar que 80% de la opinión
pública turca se opone a la intervención de
su país en esta campaña. Tres días después,
el ministro de Defensa de Italia anunció la participación
de su país con efectivos terrestres, navales y aéreos
en la operación Libertad Duradera, que se integrarán
a la coalición aliada que actúa en Afganistán.
El 7 de noviembre, el Congreso italiano autorizó el
envío de 2.700 hombres.
A su vez el 6 de noviembre, Alemania anunció que se
prepara para enviar 3.900 hombres para apoyar las operaciones
militares contra el terrorismo, aunque por ahora sin participar
en acciones ofensivas. Se trata del mayor despliegue militar
alemán desde la Segunda Guerra Mundial. Tres días
más tarde, el primer ministro de la India, Bihari Wajpayee,
sostuvo que su país apoyará a Washington para
derrotar el terrorismo «donde quiera que exista y como
quiera que se llame».
Seguidamente,
el 10 de este mes, el mismo día que partieron los primeros
tres buques japoneses desde la base de la isla Diego García,
el premier holandés Wim Kok anunció que 1.200
hombres de sus fuerzas armadas se incorporarán a la
coalición antiterrorista, para participar en «operaciones
de combate».
Ese mismo día, se hizo público en Rusia que
se está desarrollando una campaña para reclutar
ex combatientes y veteranos de la lucha en Afganistán,
los que actuarán como mercenarios, sin apoyo oficial,
pero con el «dejar hacer» por parte de Moscú.
Simultáneamente, el presidente de Tayikistán,
Emomali Rakhmonov, declaró que su país está
dispuesto a conceder una o más bases a los Estados
Unidos para sus operaciones sobre Afganistán.
En
lo que hace a Washington, el 7 de noviembre decidió
otorgar un rol más activo a sus aliados en la campaña.
Al día siguiente, Bush y Blair renovaron públicamente
su confianza en la victoria, a la vez que el segundo dijo
que para alcanzar el triunfo final será necesaria una
acción terrestre. En su discurso ante la Asamblea de
las Naciones Unidas, el presidente norteamericano reiteró
la necesidad de contar con una sólida coalición
internacional para vencer al terrorismo.
En
este marco, ningún país de América latina
ha anunciado su participación en la campaña.
Hasta ahora, los requerimientos de los Estados Unidos para
la región están centrados en lograr que los
países del Mercosur tengan una política de seguridad
más activa en la Triple Frontera y que Colombia y los
países andinos impidan que el narcoterrorismo se transforme
en aliado de las redes de Bin Laden.
Sólo la Argentina, en la Asamblea de las Naciones Unidas,
anunció su disposición a enviar tropas de paz,
si éstas fueran requeridas en una etapa posterior de
la campaña.
En
conclusión:
a) A dos meses del inicio del conflicto contra el terrorismo,
los Estados Unidos y sus aliados están mostrando la
capacidad militar de derrocar al régimen talibán
de Kabul.
b)
Pero la caída del avión de American Airlines
en New York, sea atentado o accidente, muestra la gran vulnerabilidad
que se tiene frente al accionar terrorista.
c)
La campaña contra los talibanes se ha ido transformando
durante el último mes en una operación militar
multilateral, como fue el conflicto del Golfo.
d)
El hecho de que la campaña en Afganistán sea
la mayor acción militar que realizan tanto Japón
como Alemania desde la Segunda Guerra Mundial es una evidencia
de la significación que está adquiriendo la
dimensión multinacional del conflicto.
e)
Ningún país de América latina ha anunciado
su participación, y los requerimientos de Washington
hacia la región hasta ahora están centrados
en lograr la cooperación para evitar el accionar en
la región de las redes de Bin Laden.
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