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Edición 2753 - Miércoles 14 de Mayo de 2008
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  Quinchos del Lunes 12 de Mayo de 2008
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Fin de semana sin fútbol en Olivos, donde se sigue apostando a que el tiempo y el desgaste de la gente del campo resuelvan el problema creado por el propio gobierno. A pesar de que hasta en ese domicilio se admite la caída en imagen del matrimonio inquilino. Además, siguiendo la tradición de su esposo, la Presidente sometió a una amansadora de casi dos horas a los empinados invitados para agasajar a un primer ministro extranjero. Allí se habló de una epopeya futbolística y del apodo que se le dedica ahora al estadio del derrotado, pero también que a uno de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos le dicen «pingüino» sin que nadie sepa por qué. Hubo otras reuniones, como el agasajo gastronómico a un escritor -con tangos de Piazzolla, su favorito-, la fiesta de una casa de moda y el sarao de una editorial, las que se reflejan aquí. Veamos.
El escritor Tom Wolfe, creador del nuevo periodismo y verdadero "dandy" moderno, fue traído al país, entre otros, por el monopolio "Clarín". Sin embargo, para matizar su espera en el Aeroparque porteño, eligió Ambito Financiero... (abajo) El premier de Austria, Alfred Gusenbauer, y el canciller Jorge Taiana brindan con la presidente Cristina de Kirchner. Todos ellos ignorando el principio de que a un político jamás debe vérselo con una copa en la mano...(arriba)
  • De vuelta a Olivos, a la peña política, pero sin fútbol. Una pena: ese ejercicio, además de bajar la presión y reducir la gordura, solía distraer a los jugadores de sus complicaciones habituales (y complicarlos en otras, como la excesiva fiereza de Néstor en los cruces). Nunca mejor hubiera estado esa convocatoria para este momento. Pero los Kirchner, abrumados, optaron por reducirse al asado -ella siempre magra, mantiene la tendencia deflacionaria en kilos- y concentrarse en la cábala de invitados de otros buenos tiempos: Héctor Icazuriaga (SIDE), el senador José Pampuro, Carlos Zannini, Sergio Massa y, por un rato, Alberto Fernández.
    Además, si no hay partido, no se acerca otra gente que escucha, funcionarios de segundo nivel. O sea que lo del sábado fue como una reagrupación familiar. Necesaria, obvio.
    Casi como un desliz, Icazuriaga hizo mención a las encuestas sobre Cristina de Kirchner en la provincia de Buenos Aires. Nunca se le ocurriría molestar con esas cifras (debe ser a lo único que tiene acceso en el organismo de inteligencia), pero como se hablaba de las consecuencias del paro agrario, esos datos confirmaban una impresión: todo, por el momento, es a pérdida del gobierno. De ahí que entre los asistentes impere la sensación de que pronto habrá un cambio de gabinete como mecanismo de oxigenación. Idea que, naturalmente, no anida en el varón de los Kirchner, quien siempre vio en ese refrescado estimulado por Fernández -incluyéndose en la partida- una póliza de seguro para conservarse en el cargo. Además, ¿qué se ganó con los últimos cambios que se hicieron al asumir Cristina? ¿Hubo uno siquiera que mejorara la gestión del anterior? Mejor no contestarse.   

  • Queda como interrogante el cambio de ministros para el 25 de mayo, no tanto la certeza sobre otra realidad: el sueño de propiciar el Bicentenario con acuerdo político, social, económico, multiforme e indiscriminado entró a la vía muerta. Lo que parecía un emblema para Cristina, tantas veces anunciado, al menos por ahora ingresa al vacío de las frustraciones. Ya ni se lo menciona y, por supuesto, parte de ese retraso o liquidación obedece al conflicto con el campo. Tema a tratar no sólo por las informaciones de Icazuriaga, sino por un llamado telefónico de Daniel Scioli: yo voy a recibir sólo a los representantes de CARBAP, porque son de mi provincia, no a los cuatro juntos. A menos, claro, que Cristina diga algo en ese sentido. Desde más lejos, Chaco, Jorge Capitanich -quien opera como asesor oculto del gobierno en la negociación- se expresa en la misma línea a pesar de que el cuarteto campero hará una asamblea en la provincia.
    Como buen jefe, el menos desanimado con la situación parecía Néstor: «Esperen, podemos y debemos aguantar. El desgaste será de ellos. Ya van a ver, más cuando avancen hacia la mimetización de objetivos y la protesta sectorial se convierta en protesta política. Van en esa dirección esta misma semana, en Córdoba, en Santa Fe, pronto sumarán a la Carrió, a Macri, a Morales, allí los vamos a atender. Primero, en el acto de Almagro (el 14), después el mismo 25. Algo haremos con el Bicentenario, aunque no se hable de acuerdo». Piensen que hasta reaparecen, como ciertos bichitos cuando hay humedad, Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá: confirmaba el jefe de la SIDE, gracias a la provisión de su segundo, Francisco Larcher, que esos dos hombres del justicialismo almorzaron bifes con ensaladas en la ex fundación de la esposa del bonaerense. Uno habla de reorganizar el PJ en la provincia, el otro en el resto del país, ambos coinciden en que «algo hay que hacer». ¿No les dije?, miró con picardía Kirchner.

  • No es secreta la estrategia oficial con el campo inspirada en Puerto Madero -en rigor, es la contumacia reflexiva y holgazana de que el tiempo soluciona las crisis, y especialmente a favor de los que tienen el poder-, pero a muchos les cuesta entenderla. Inclusive, ni siquiera están en los detalles en los que sí piensa el propio ex presidente. Como en el momento de instruir por teléfono al intendente Julio Pereyra, e insistirle en que el acto de Almagro debe ser a las 17 en punto. «¿Qué le pasa: quiere que salga en los noticieros de la tarde?», se interrogaban con algún desdén. De refilón, el autor de la exigencia escuchó y, entonces, aclaró: «¿ Viven en una botella? Ese día juegan Boca y Atlas, después de las 6 y media muere todo, hay que aprovechar el tiempo hasta ese momento. No quiero que ocurra lo de la semana pasada, cuando los del campo hablaron antes del partido y después Cristina no tuvo espacio ni tiempo para responderles». Está claro que hay uno solo que manda, también que hay uno solo que piensa.   

  • Casi dos horas ( exactamente, una hora y 40) debieron aguardar los invitados a la presidente Kirchner y a su invitado de honor, el socialista canciller de Austria, Alfred Gusenbauer, para el almuerzo. Se esperaba en una antesala del Palacio San Martín, atiborrada de empresarios y miembros del gobierno, casi todos molestos con la demora, pero agradecidos al completo servicio ofrecido en el cóctel que les calmaba el hambre: incesante la renovación de bocaditos, de cuidadosa elaboración, casi innecesario el almuerzo posterior. Tanto buen gusto tropezaba con la forma en que se servían los entremeses: como la moderna gastronomía ya no utiliza bandejas, sino pequeños listones de madera, la penetración de los mozos con sus exquisiteces entre los grupos parlantes semejaba a la invasión de los guerreros medievales cada vez que trataban de voltear los portones de las ciudades amuralladas. No ocurren incidentes por milagro.
    Pero ella, Cristina de Kirchner claro, es mucho más puntual que su marido. No se cumplió en la ocasión, se demoró su llegada y si uno contabiliza el tiempo perdido por algunos asistentes -el más caro del país, por otra parte-, podía sorprenderse por la paciencia acumulada (es cierto que varios amenazaron partir,pero alguna razón superior les impidió la despedida). Más cuando allí se hablaba de la falta de tiempo personal, de la urgencia en los negocios y, en consecuencia, de nuevos jets privados -cuando uno dice hablar, se refiere a comprarcon mayor capacidad de distancia y vuelo para perder la menor cantidad de horas posibles recorriendo el mundo por trabajo. O la funcionaria Beatriz Nofal, a punto de viajar a tres países asiáticos en cinco días, confesando una ajustadísima agenda de entrevistas para que no le altere el funcionamiento familiar de su casa. Al extremo de que obliga al personal que la acompaña a seguir su ejemplo: sólo lleva muditas, papeles y ropa en maletines de mano para no despachar valijas y evitarse perder siquiera un minuto en los trámites del aeropuerto. Tanto empeño laboral para exprimirse y arrancar minutos de la vida para la ocupación, mientras allí, sin embargo, con apenas una carterita elegante, se perdió casi dos horas de parada. La Argentina-de todos los días.

  • Lo mismo que los dos Eurnekian (Murat y Eduardo), los dos Bulgheroni (Carlos y Alejandro), Santiago Soldati, Jorge Brito, Alejandro McFarlane, Adelmo Gabbi, un tío (Julio) y un sobrino (Gerardo) Werthein, Carlos Heller, Mario Vicens, Cristiano Rattazzi, Juan Carlos Lascurain, altos militares de las tres fuerzas con escasa ocupación, ministros como Nilda Garré, secretarios como Javier de Urquiza o Víctor Tachetti, políticos adeptos como José María Díaz Bancalari o no como Gabriela Michetti, y hasta ajetreados gobernadores como Daniel Scioli. Sin distinciones, casi juramentados, unánimemente se bloqueaban a la hora de expresarse sobre el campo, los litigios con el monopolio «Clarín», las dificultades energéticas, Guillermo Moreno o la inflación apañada. Notable coincidencia en el silencio neutral, opuesto a esa vocación oral que imperaba en los tiempos de Néstor, siempre a favor.
    McFarlane rengueaba de dolor: la épica derrota de River con San Lorenzo le había provocadouna transitoria parálisis, más dolorosa aún con los chistes (al Monumental lo llaman Myanmar porque pasó un Ciclón y dejó 50 mil muertos). Otro que transpiraba lástima futbolística era Brito, fanático también de la banda, mientras Heller vivía su hora más gloriosa: los de Boca gozaban más que si su equipo hubiera ganado. Rattazzi, a su vez, abundaba sobre la inauguración próxima de Fiat en Córdoba, comentaba las cajas de cambios que exporta, y el Bulgheroni menor confirmaba que se acabó el petróleo barato a pesar de las maniobras especulativas del mercado, que los precios serán tan altos como hace más de un siglo, cuando no se había descubierto oro negro en Arabia Saudita. Werthein, Gerardo, se refería a las cenizas volcánicas suspendidas en el aire, al peligro que representaban y a la curiosidad de que esas partículas eran ideales para nutrir los campos de polo o de hipismo, ya que permiten luego un drenado perfecto. Después, como los temas se agotaban, alguien planteó un interrogante evasivo, pero típico de un país sin horizonte: ¿por qué dos de las áreas más caras de la Argentina en cotización, Puerto Madero y Nordelta, tienen las mayores dificultades de ingreso y egreso vehicular, en apariencia insolubles para los próximos años?
    Ni Scioli, con respuestas optimistas para la Capital y la provincia, hablaba al respecto; menos, claro, sobre la evidencia de que en las encuestas bonaerenses el matrimonio Kirchner se ha desplomado mientras él, a pesar de estar al lado de la pareja, se salva de ese huracán.   

  • Otra excusa preciada para salir del aprieto de la actualidad fue referirse, con algún diplomático de por medio, a las internas en los Estados Unidos. Alguien arriesgó que Barak Obama, si Hillary no acepta acompañarlo, buscará como segundo en la fórmula a un teñido de republicano con vínculos militares, un modo para capturar voluntades conservadoras. El hombre de color candidato a mandatario genera cierta atracción: primero, porque es el rey de Internet (gracias a esa vía, en una noche, consiguió con un e-mail recaudar 8 millones de dólares); también por una debilidad interesante para los argentinos: es demasiado bajo, casi petiso, tiene un carácter imposible, bastante explosivo, y quienes lo entornan lo llaman «pingüino». Nadie conoce la razón de ese apelativo.
    Scioli luego se sentó a la mesa de Cristina, junto al austríaco y a un empresario que lo antecedió en el cargo, Victor Klima (aún en Volkswagen), Jorge Taiana y Alberto Fernández, en ocasiones interesados en sus blackberries. No advirtió el retraso la Presidente, habló unos 15 minutos y concluyó en el destino mundial de que se verán los mayores avances tecnológicos en simultáneo con la pelea del hombre contra el hombre por un pedazo de comida ( catastrofismo por el precio de los alimentos o teorías insólitas de Joseph Stiglitz). Visión casi malthusiana de que el mundo será peor cuando, en verdad, el mundo suele ser siempre mejor. En ese enredo no cayó el austríaco, quien leyó en castellano como si lo dominara -en verdad, habla con algún criterio la lengua-, se refirió al fútbol y al vino ( considerable atención y consumo de los visitantes del líquido blanco, como preferencia), hasta evitó explayarse sobre el sistema político de su país, democracia que se apoya más en las corporaciones que en los partidos. Tema para otro día. Igual que nadie tocó el tema del pintor Ernest Kirchner, un austríaco con talento perseguido por el nazismo, cuyo apellido merecía un comentario de coincidencias, aunque al artista no lo apodaban «pingüino» como a Obama o al marido de la Presidente. Más bien hubo una cuidadosa trama de silencios para apresurar una ensalada «Lagos del Sur» que incluyó salmones, y luego, un lomo asado desnaturalizado con la salsa. Gustos, claro, de uno de los asistentes, quien feliz se lanzó al cierre infrecuente -antes de los brindisde un flan con membrillo, en porciones reducidas, pero inimaginables en ese palacio de inspiración versallesca. Preferencias de un gaucho, o de un hombre de campo, cuestión que en ese mediodía nadie quería mencionar.   

  • ¡Qué misterio! Así respondió, casi en lejanía, el escritor Tom Wolfe al relato sobre la oscura y casi bélica pugna entre el gobierno y el monopolio «Clarín» (justamente uno de los sponsors que auspició su presencia en el país). Algunos capitostes del grupo le habían cedido su versión sobre la libertad de prensa, negándole a cambio el rol cómplice que en todos estos años existió entre esa empresa y el kirchnerismo, a partir inclusive desde el día en que a través de una operación de prensa -un domingo, claro- se lanzó la fórmula Néstor Kirchner-Daniel Scioli avalada por Eduardo Duhalde, anuncio que hasta el propio Scioli ignoraba. Fue una combinación agitada entre el santacruceño y el medio para bloquear la llegada de quien, entonces, deshojaba la margarita por ser o no ser: el ministro de Economía Roberto Lavagna. La víctima de entonces no ignora que, a pesar de los tiroteos actuales, los protagonistas de esa operación se mantienen asociados en distintos emprendimientos, a pesar de que unos pinten paredes en contra del monopolio y otros, desde allí, aludan a los lacayos o alcahuetes que rodean la Casa Rosada. De esas cuestiones no se habla, como tampoco de que hay ciertos funcionarios que jamás -como ocurrió con Eduardo Bauzá en tiempos de Carlos Menem- serán objetados por la pluma de «Clarín», el látigo de TN, la burla de «Radio Mitre» o la monserga de «Canal 13». Parte de una ficción del poder o del misterio económico (nadie cree que la guerra sea por cuestiones ideológicas) que no alcanza a entender, ni le preocupó entender al Wolfe inventor de un nuevo periodismo que ya se sabe un tanto añejo. Más bien, a los 78 años, este extravagante de exitosas novelas ciclópeas -como exige el mercado de su país-, que se gana cada dólar con la letra escrita o hablada, también hasta con dibujos, prefirió internarse en anécdotas o promesas. Anunciar su próximo libro «Back to blood» (regreso a la sangre), fundado en la acumulación de etnias que pueblan Miami, de quienes desde la miseria escalaron al poder; algo parecido a lo que hizo en un trabajo anterior enfocado en la ciudad de Atlanta (lo singular de la nueva obra es que grandes aportes a su causa literaria le fueron sugeridos por un jefe policial de Miami, quien lo interesó en esos inmigrantes -sobre todo cubanos- que convirtieron a la Florida en un centro mundial). Nada nuevo, por supuesto, pero seguramente bien escrito.   

  • Wolfe habló en la Feria del Libro sin asistencia de colegas, tuvo un desayuno sólo con periodistas, comió entraña sin piel en La Raya (tambiéntorrejas de espinaca, algo aceitosas), gozó de la suite Imperial del Faena Hotel (almorzó otro curtidor de sombreros como él, Alan Faena, y Austin Hearst, el nieto de William R. Hearst, aquel millonario de medios -«Citizen Kane»- que alentó ciertas réplicas locales de envanecimiento). También viajó a Mar del Plata, bailó tangos con su esposa, se instaló en Santa Isabel (la estancia del empresario Jorge Estrada Mora, compañeros en la Universidad de Washington & Lee), anduvo en sulky y preguntó por las raíces de Astor Piazzolla, a quien considera el músico popular más importante del siglo XX. Tuvo su premio: el pianista Armando Blumetti, quien conoció y tocó con Piazzolla, le ofreció un recital con piezas del bandoneonista. Se percató allí, sin embargo, de otro notable del tango: se hizo repetir dos veces «Flores Negras» de Francisco de Caro.
    Demostró, a pesar de su flacura, ser un glotón con las carnes: arrasó con el asado, el cerdo, el pollo y, como no le alcanzaba, también incurrió en unas brochettes de paloma. Tuvo menos disposición al vino, poquito, y dijo que todavía escribe en una vieja Underwood, que no ve televisión, que lee por diversión el escandaloso «New York Post», y que se ha limitado en su vida social. «Antes iba mucho -confesó- a las cenas de Brooke Astor, quien desde la cabecera golpeaba una copa y le preguntaba a uno de sus invitados, por ejemplo Henry Kissinger: 'A ver, doctor, por qué no nos explica lo que ocurre en Medio Oriente'». Por supuesto, la millonaria -muerta el año pasado- era la mujer más poderosa de los Estados Unidos y, si alguien faltaba a sus invitaciones, recibía una tachadura de por vida. «Yo nunca falté», se excusó Wolfe, al tiempo que sin opinar de Gabriel García Márquez, utilizó una frase de Jorge Luis Borges: «¿Cien años de soledad? Me parece que tiene 50 años de más». Finalmente, interesado en lo suyo, se extasió con una explicación musical que le brindó el bandoneonista que le tocó «Yesterday» (Lennon y Mc-Cartney) al tiempo que le explicaban: «Nunca supe la razón por la cual en la partitura original de este tema se incorporó un arreglo con la notación para la mano derecha del bandoneonista». Tal vez fue lo que más lo sorprendió de todo el viaje al escritor vivo hoy quizás más famoso en los Estados Unidos.

  • Dos quinchos más informales, el cóctel de Armani en su local y el de «Perfil» en el Sheraton. En uno, demasiado fruto de mar en las bandejas, quizás en solidaridad con el campo, con Juan Navarro como anfitrión y asistencia casi perfecta de La Terraza de Punta del Este. Extraña combinación de septuagenarios y variedad múltiple de jóvenes, a los cuales sabiamente eligió el dueño de casa. También estaban Teresa Calandra, Evelyn Scheidl, Gino Bogani, German Neuss, más eternos como el conde Martini Crotto, Eduardo Helgera, María Rosa Segura. Algunos bromeaban con la situación económica -finalmente, Kirchner va a enfriar la economía con sus propias medidas, determinando que la gente no compre por susto-, otros menos informados interrogando sobre ¿es posible un «corralito» otra vez? Lo que se habla, con o sin fundamento, en todas partes.
    Más preciso, alguien mencionaba cierto disgusto del gobierno con el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, quien a su vez señaló su enojo por una presunta interferencia en sus mails particulares. Lo cierto es que Lorenzetti buscó ampararse en «Clarín» (hasta dio charlas en una fundación ad hoc), transmitió en apariencia conversaciones con funcionarios y, por lo tanto, desató cierta voluntad de represalia. ¿Pasará por el Consejo de la Magistratura? Con tantos problemas, nadie cree que esto avance, mientras -continuaban las infidencias- se han puesto tensas las relaciones entre Aníbal Fernández y su sucesor en Interior, Florencio Randazzo. Parece que la naturaleza del pleito pasa por la apropiación de un área vinculada al tránsito, por la cual los dos ministros han entablado una imaginativa batalla judicial.   

  • Casi un pasatiempo fue, en cambio, la convocatoria de «Perfil», réplica de otros actos de «Clarín» para celebrarse a sí mismo, premiarse (notas, periodistas) y congratularse al estilo kirchnerista de «lo bien que nos va», casi un rubro onanista de argentinos psicoanalizados en el que se destacó el propio dueño de la empresa, Jorge Fontevecchia, quien recibió su propia condecoración por un artículo. Inenarrable la cantidad de premios y de categorías inventadas, sólo para justificar ediciones de sus semanarios, como si en el país faltaran noticias. Por eso, lo más interesante fue un chisme: Guillermo Cóppola está saliendo con Isabel Menditeguy, la ex de Mauricio Macri, que decidió cambiar la ingeniería y las búsquedas por Internet (las profesiones de sus dos parejas anteriores) por la noche, el champagne, la farándula futbolera y hasta la cercanía con Maradona.
    Hubo un catering clásico que terminó con pastas, arroz y carnes (opcionales), aunque sobresalió -y distinguió- una pasta de ajo de multiplicador efecto en el ambiente. Casi parecía el restorán especializado en ajo (hasta helado ofrecen con ese nutriente) de San Francisco. Estuvo Susana Giménez (traje blanco arriesgado, cinturón negro ancho y alto, el must de la temporada al parecer) de plática con Mauricio Macri, quejándose ella del gobierno y él consintiendo: finalmente, mientras jaquean a los Kirchner, nadie se acuerda de lo que pasa en la Ciudad («
    Buenos Aires trabaja», aunque no se sabe bien en qué). Quien atendía las inquietudes de la trabajadora social Giménez, luego podía relamerse con el trío Florencia de la V, Nacha Guevara (ambas con traje de gala) y Nina Peloso, vestida la de Castells como si fuera a una marcha piquetera ( cuestión de identidad o de que le fue demasiado bien con su sofisticada intervención en lo de Tinelli). No faltaron vedettes menores, despechugadas o insinuantes de caderas, Mirtha Legrand, varias uniformadas con el talle alto, en fin, la pasarela de quienes necesitan verse publicados lo más seguido posible y, por lo tanto, responden a la seriedad de quienes les garantizan esa publicación. Canje de fama y carne humana, como la venta de jugadores de fútbol: gente, claro, que se preocupa por el país.

  • Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte. Una adolescente le confiesa a su madre que cree estar embarazada. Después de los gritos y los reproches, van juntas a la farmacia y compran un test de embarazo, que da positivo. La madre, entre llantos, le cuenta al padre la situación, y ambos le preguntan quién es el padre. La chica les dice que ya lo había llamado para darle la noticia, y que estaba en camino a su casa para enfrentar la situación. A la media hora llega una Ferrari, de la que desciende un hombre maduro, distinguido e impecablemente vestido. Toca el timbre, se presenta, lo hacen pasar y dice:

    - Su hija me informó del problema. Lamentablemente no puedo casarme con ella porque ya tengo otra situación familiar, pero acepto hacerme cargo y asegurar el futuro de la criatura. Si es nena, le voy a dejar en mi testamento tres locales en Florida, dos departamentos en Alvear, una casa sobre la playa en Punta del Este y un depósito por u$s 5 millones. Si es varón, lo mismo pero en lugar de los locales, una fábrica en San Luis. Y si son mellizos, lo mismo pero a dividir entre dos. Ahora, si pierde el embarazo...

    El padre lo interrumpe y exclama:

    - ¡Te encamás con ella de nuevo!

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