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¿El libro seguirá siendo el libro en el siglo que viene?

¿El libro seguirá siendo el libro en el siglo que viene?

Periodista: ¿Cómo considera que va a estar el Congreso de Editores que se realizará el año que viene en Buenos Aires?

Ana María Cabanellas: Muy bien, han comenzado a llegar inscripciones de los países más inesperados: Ganha, República Mali, Nigeria. Esperamos superar la cantidad de participantes que tuvieron los congresos anteriores de la Unión Internacional de Editores. La UIE delega en una de las cámaras integrantes la realización del Congreso. Estuvimos diez años tratando de ser la sede en el año 2000. Tuvimos que competir con Canadá, Israel, Corea, Brasil y algunos que se fueron quedando por el camino. Es importante, porque en ese momento estábamos tratando de ser país invitado en la Feria de Francfort y ellos parecían no tener mucho interés de que los países latinoamericanos nos hiciéramos cargo de ser invitados porque dudaban de nuestras capacidades organizativas. Ser la sede del Congreso Internacional de Editores fue un premio grande para nosotros.

P.: ¿Cómo ve el congreso en este momento del negocio editorial?

A.M.C.: Difícil, porque el mundo editorial está en una etapa difícil. Una etapa de cambio muy marcado y que no acaba de definirse. Si bien todos hablamos de libros sobre otro soporte que no sea ya el papel, los soportes están desde hace un tiempo tratando de abrirse camino y, sin embargo, el libro sigue tan fuerte como en el pasado. Esto ha dificultado la elección de los temas, porque hay muchos sobre edición electrónica y derechos en edición digital. En los últimos dos años ha habido una evolución, ha aparecido el papel digital, la tinta digital, el beep book del cual hace dos años hablábamos pero no sabíamos cuándo lo íbamos a ver en las librerías.

P.: ¿Anda mal el negocio editorial en este momento en el país?

A.M.C.: Hay editoriales que se resisten a decir que sí, pero hay que escuchar a los vendedores: cuando los vendedores lloran es porque las comisiones bajan. Cuando las comisiones bajan es porque nos va mal a todos. Hay otros indicadores que yo tomo en cuenta. Cuando en un año de crisis como éste en ISBN, en el mes de agosto se tienen tantos libros y tantos títulos como había en el ’98 -también un año de retracción-, cuando debía haber una evolución, como había habido todos los años, no es una buena señal. El libro dura cada vez menos en librerías y pasa más rápido al saldo porque se cree, erróneamente, que al ofrecer siempre algo nuevo la gente se va a tentar. Creo que la capacidad de lectura es limitada y más en tiempos como los actuales donde la gente tiene otras ocupaciones prioritarias.

P.: Las críticas de los medios llegan cuando los libros ya no están en las librerías.

A.M.C.: Hay un desfase. Los libreros se ven desbordados. Hay editoriales que no actúan como editoriales de fondo, retiran el libro de las librerías y el libro desaparece. Y siempre hay un mercado, aunque sea ínfimo.

P.: ¿Qué harán en el futuro los lectores cuando no encuentren en las librerías el libro que buscan?

A.M.C.: En el congreso trataremos el tema del libro «on the man», que es lo que va a venir a cubrir esta necesidad que tiene la gente de seguir leyendo aquello que el editor consideró que ya no se iba a leer más. En Estados Unidos está la compañía Lighting, que depende de la distribuidora Ingram, y tiene mucho éxito tomando los libros que las editoriales sacan de su catálogo y se los pasan. Cuando un librero tiene un pedido, aunque sea de un solo ejemplar, Lighting se lo envía porque lo tiene instalado en sus sistema de computación y puede imprimir uno, diez, quince, hasta mil. Es decir hasta donde convenga hacerlo «on the man» y no en la imprenta común. En Japón había, hace ya dos años, una librería «on the man». Allí se señalaba un libro de los anaqueles y ellos lo imprimían al instante. Y la calidad de impresión de esos libros es realmente buena.

P.: ¿En nuestro país ya se está aplicando esta tecnología?

A.M.C.: En la Argentina Fondo de Cultura Económica ha montado una línea de libros «on the man» para su propia producción; por eso tienen un catálogo que es verdaderamente un fondo y hay libros que venden cien por año y hace esa tirada de esos materiales, y cuando se terminan hace otros. Lo que pasa con este sistema es que los que trabajan para terceros aún no tienen precios acordes con ese tipo de ediciones. Y la mejor máquina para hacerlas cuesta un millón de dólares.

P.: Otro de los temas que ustedes van a tratar es el de los e-books. ¿podría explicar qué son y cómo se están desarrollando?

A.M.C.: Los e-books, o electronic books, son libros que van en una computadora y se recarga cada vez que se quiere uno nuevo. Una de las marcas, e-rocket, la compró Bertelsmann cuando el sistema ya había sido perfeccionado.

Originalmente, el e-books se iba a cargar en las librerías y eso no creaba ninguna competencia con el librero. El precio iba a ser el mismo que el del libro impreso. Pero e-rocket con Bertelsmann decidió que se pudiera cargar por Internet, y ese método todavía no está perfeccionado como para hacerlo con toda facilidad.

Ahora de cualquier libro se venden los derechos para ser publicados en «ediciones-e». Ese aparatito, el e-book, pesa 300 gramos, tiene luz, permite cambiar el tipo de letra, subrayar y cargar hasta cien títulos. Un universitario puede llevar en esa computadora todos los libros que va a necesitar durante el año. Pero claro hay que comprar la máquina.

P.: Otra de las novedades que modificarán al libro son el e-ink y e-paper.

A.M.C.: Al congreso va a venir la persona que lo inventó y la que está viendo cómo se aplica a los libros. El e-paper tiene una textura parecida al papel, pero adentro está compuesto de bolitas blancas y negras, se conecta a la computadora y reparte electrónicamente las bolitas como si fuera tinta. El sistema se está usando ya en algunas tiendas en Europa, y les permite poner en carteles por ejemplo «de 15 a 16 los vestidos azules tienen 50% de descuento», sin tener que modificar nada en las vidrieras. La idea es aplicarlo al libro, con lo que estaría enfrentando a quienes claman por el papel y la destrucción de los árboles.

P.: ¿Qué otros temas se tratarán?

A.M.C.: Las ediciones en Hispanoamérica; el copyright, que es uno de los grandes problemas que tenemos; la libertad de circulación del conocimiento: que no haya tasas para los libros, que puedan cruzar las fronteras; la libertad de publicación, en el sentido de lucha contra la censura. En este momento la Unión Internacional de Editores está muy preocupada por los temas del copyright, el desarrollo del DOI (Digital Objet Identificated) que es un sistema de identificación que se usa en Internet, especialmente en las publicaciones técnico-médicas. Cumple una función semejante a la del ISBN, pero la idea es que mediante el DOI, cuando a esto se le une un sistema de protección y un sistema de pago, se pueda vender la información que pasa por la red de redes.

A un libro, por ejemplo un diccionario, se le pueden poner tantos DOI como el editor quiera. Se paga un mínimo por cada identificador. Una persona que quiere bajar de ese diccionario una determinada voz, paga por ese artículo. Lo mismo quien quiere bajar una foto o un artículo científico de una revista. No se necesitará comprar toda la obra cuando sólo se va a usar una determinada parte. A esto conduce el e-coberts de la información en Internet. Es algo en lo que la UIE junto a la Asociación de Editores norteamericanos llevan invertidos varios años.

P.: ¿Por qué eligieron hacer el Congreso Internacional de Editores en el mismo momento en que se estará realizando la Feria del Libro?

A.M.C: Con el objeto de que el mundo conozca cuál es la producción y la situación del libro en la Argentina. Vendrán popes de la edición mundial. Estamos buscando que vengan a la inauguración un economista, elegimos a un premio Nobel y, también, para que abra el congreso a un CEO importante; estamos en tratativas con el de Bertelsmann, para que hable a los editores de la ética de la edición. Pero, además, Congreso y Feria del Libro posibilitarán que los editores hagan negocios. Nuestro precongreso se hará en la Feria del Libro. Habrá por primera vez un congreso de editores de libros religiosos. Se van a hacer reuniones de editores de textos científico-técnicos del mundo, de entidades recaudadoras de derechos discográficos, de editores de libros infantiles. Va a haber un encuentro de ministros de educación de habla hispana donde se va a discutir junto con el sector privado y las ONGs, las políticas del libro en la educación y las campañas de lectura. Buscaremos saber qué pasa cuando los editores proponemos una campaña y los gobiernos no pueden efectivizarla. Las conclusiones se las vamos a transmitir a un foro de presidentes donde esperamos que participen presidentes o ex presidentes que han trabajado muy bien con nosotros en las cuestiones del libro, por ejemplo Menem, que fue el gran defensor del «no IVA» al libro en la Argentina.

Entrevista de Máximo Soto



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