Escribe Patricia GarcíaPara Fernando de
la Rúa hay un tema recurrente al inicio de
cada una de las reuniones con su gabinete. El
Presidente comienza haciendo observaciones sobre
lo publicado en los medios y llueven, tras esos
comentarios, excusas e interpretaciones de sus
ministros sobre esos reproches, en la Casa
Rosada, se explica que para algunos funcionarios
se lanzó la carrera por el 2001, la competencia
por el cargo de senador, y por eso surgen ciertas
infidencias y confidencias mediáticas. Todas las
miradas se posan sobre Rodolfo Terragno,
quien llama la atención de sus pares por el
discurso diferenciador que sostiene cada vez que
se le presenta la ocasión, últimamente sobre el
ajuste y en oposición por caso a Fernando de
Santibañes. Atribuyen a Terragno la
estrategia de querer formarse un perfil que lo
consagre senador por la Capital el año que viene.
En ese andarivel se topa el ministro con Enrique
Olivera, quien pretende el mismo cartel, una
vez que cumpla -al menos por un tiempo- con su
debut como legislador porteño, un status que
aún no ha digerido. Casualmente, desde los
pasillos del palacio municipal se quiere
convencer en voz baja de que el jefe porteño
podría reemplazar a Terragno en la
coordinación del gabinete nacional, si las
acciones del ministro caen al punto de hacerlo
renunciar.
Elegancia
«Terragno, si
se va, no lo hará en silencio y buscará una
manera elegante de retirarse para postularse a la
senaduría», es la interpretación de los
observadores dentro del gobierno. Ellos mismos
hacen mención a una pelea entre el coordinador y
José Luis Machinea a propósito de las
intenciones de Terragno.
«Lo que pasa
es que los economistas tienen otras tribunas,
internacionales, para rendir cuentas y nosotros
los políticos nos debemos a la gente, a los
votos», disparó Terragno en una de
esas tertulias de los martes.
«Si lo decís
por mí, yo aclaro que no tengo nada que
responder al Fondo y que además soy afiliado
radical desde hace años y también respondo a la
gente», recriminó Machinea. Esos
ataques de Terragno al FMI se ven en la
mesa nacional, como un discurso que intenta
seducir la voluntad de Raúl Alfonsín, para
lograr su aval en la carrera por la butaca
senatorial. Pero, ni Olivera ni Terragno
están solos en busca de esa meta. José
María García Arecha aspira incluso a
renovar esa banca que se disputará el año
próximo, y, al igual que Olivera, en su
caso apelará a la confianza y cercanía con De
la Rúa para obtener el lugar en la nómina.
Se dará allí otra competencia entre radicales,
esta vez en el círculo más estrecho del
Presidente, en busca de una decisión casi
paternal de acuerdo con la táctica de amistad
que se desplegará. Esas aspiraciones se
chocan con cuestiones numéricas. Por caso, el
siempre olvidado cupo femenino, que en lo que
respecta al Senado sufre de la discusión de si
es válido o no para la Cámara alta. En tal
caso, la dupla de candidatos deberá incluir a
una mujer, lugar que disputarán el Frepaso y el
radicalismo, seguramente complicando a Carlos
Chacho Alvarez para llenar esa grilla con una
dama. En su momento se pensó en Graciela
Fernández Meijide, para quien las cuestiones
de domicilio no suelen ser un problema. Ella
dejó esa silla de la Capital que ocupa Pedro
del Piero cuando se lanzó al ruedo
provincial. La idea de regresarla al distrito
incluso conspiró a favor de las apetencias de Cecilia
Felgueras de reemplazarla como titular de la
cartera de Acción Social.
Hoy, Felgueras,
consagrada vicejefa de la Capital, está inmersa
en las cuestiones locales y, que se sepa, no
aspira por el momento a ser senadora. En
cambio, Del Piero es de los que imaginan
la perpetuidad en la butaca de la cámara con una
reelección. Además, a la carrera por el 2001 se
agrega que la primera minoría, ya en agosto con
el recambio de autoridades y legisladores
porteños, la representará en la Capital el
cavallismo y allí es Gustavo Béliz el que
pretende postularse, dado que hasta entonces no
tendrá ningún cargo político. Otra puja
interna de la futura oposición, que podría
transformarse en un «replay» de la fugaz
enemistad que protagonizaron Béliz y Domingo
Cavallo cuando los dos querían la
candidatura a jefe porteño, esta vez
compitiendo por la senaduría, lo que podría
dejar a Béliz como candidato a diputado
nacional, quién sabe con otra interna
telefónica mediante.
Olivera por
ahora masculla su resignación de tener que hacer
un enroque con Aníbal Ibarra, a quien
reemplazará como vicepresidente primero de la
Legislatura -por cierto el cargo más alto, la
gerencia de esa casa- mientras que el frepasista
ocupará su despacho de jefe de Gobierno. Tanta
vocación de servicio, cree, merecerá cruzar la
Plaza de Mayo.