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¿El país atrapado entre Moyano y De Santibañes?

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¿El país atrapado entre Moyano y De Santibañes?

Escribe Héctor Timerman

En una semana se definieron los extremos entre los cuales transita la Argentina actual. Si Hugo Moyano necesitó una marcha multitudinaria para erguirse en el referente opositor, a Fernando de Santibañes le alcanzó con un reportaje para alardear de ejercer una singular influencia sobre el rumbo del gobierno.

Con la diferencia de estilos innata a los grupos que representan ambos, han desatado una batalla ideológica que nadie esperaba cuando Fernando de la Rúa ganó las elecciones esgrimiendo una posición más centrista que la de sus antecesores en el cargo, Raúl Alfonsín y Carlos Menem. El discurso de Moyano llamando a huelgas generales y rebeliones fiscales evidenció que en su concepción estratégica es más importante confrontar que construir un consenso que abarque sectores más amplios, no sólo del justicialismo, pero aun más importante de la propia Alianza deseosos de acompañarlo. Las palabras de Moyano y su continua repetición mediática han ratificado que el dirigente camionero busca liderar un proceso que cambie radicalmente la estructura social del país. A las palabras de Moyano en la Plaza hay que sumarle la presencia de representantes laterales de la política como, entre otros, Aldo Rico, Jorge Altamira, Luis Patti o el «Perro» Santillán, para completar una situación que torna imposible para muchos seguir acompañándolo sin entrar en contradicción con las posturas de reformas, por cierto no revolucionarias, que han defendido durante años. Habrá que esperar hasta el viernes para ver quienes apoyan la huelga general, pero seguramente contará con mucho menos soporte político que el reunido en la marcha contra el Fondo.

Exhibición de poder

Más sofisticado fue el golpe que pegó De Santibañes permitiéndole a un diario presenciar «on the record» sus diálogos con el Presidente, que se encontraba en Alemania, utilizando a Antonito (hijo presidencial) como mensajero, y con los ministros José Luis Machinea y Alberto Flamarique, que llevaron al vicepresidente y todo el Gabinete a firmar un decreto de necesidad y urgencia desregulando las obras sociales. Por si alguien no captaba que finalmente fue él quien orquestó la firma del decreto, la crónica comenzaba describiéndolo como el hombre más poderoso luego del Presidente y narraba dos situaciones que sólo se justificaban si se deseaba además humillar al jefe del Frepaso.

La primera, cuando le pidió a su secretaria que lo comunique con Alvarez, ésta preguntó «¿qué Alvarez?» Y la segunda fue contar que mientras el Gabinete se reunía supuestamente para debatir el proyecto a pedido de Alvarez, De Santibañes, seguro ya que el decreto se firmaba, se encontraba en su quinta jugando con su perro y mirando pasear a sus ñandúes.

De Santibañes cree que este modelo social no cierra y que más que reformas necesita cambios drásticos. Uno solo de sus conceptos alcanza para aceptar la descripción citada en dicho artículo y expresada en tono de admiración y entre risas por el primo del Presidente, Eduardo de la Rúa, «es un fundamentalista».

Sin retorno

El concepto impulsado por el jefe de la SIDE es que las provincias pobres deben invertir en educación para que sus habitantes, una vez capacitados, emigren a provincias más prósperas dejando atrás únicamente a los pobres y analfabetos condenándolos a una exclusión social sin retorno y a la disolución de vínculos familiares y sociales. Según John Gray, profesor de la London School of Economics, fue la idea impulsada por Margaret Thatcher que más rechazo generó y que jamás pudo ser llevada adelante. Luego de casi veinte años de thatcherismo, 60% de los adultos vive a no más de ocho kilómetros del lugar de nacimiento. Con ideas como ésta y otras similares que explica en sus casi diarias apariciones mediáticas logra, igual que Moyano, alejar intencionalmente a potenciales aliados.

Tanto han radicalizado el discurso que quienes representaban los extremos del debate durante el gobierno anterior, como la Unión Industrial, la Sociedad Rural, el Partido Socialista, el Frente Grande y los peronistas de ambos bandos han quedado hoy sumidos en la moderación. De Santibañes y Moyano han logrado que este cronista caiga en el lugar común de citar una vez más la frase de Borges: «No nos une el amor sino el espanto».

Y si bien, momentáneamente hegemonizan la escena, tal vez este choque entre extremos permita al resto del país avanzar juntos en aquellas reformas ciertamente necesarias que cuentan con un amplio consenso social.

 
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