Escribe Gustavo HirschLos caciques sindicales
decidieron ayer pasar a la clandestinidad en su
puja con el gobierno por el decreto de
desregulación de las obras sociales. En la tira
de reuniones que mantuvieron ayer se pusieron de
acuerdo en esta interpretación: el gobierno
adelantó el decreto que rige desde el 1° de
enero del año que viene para embarrarles el paro
del viernes a ustedes la idea de que la medida es
para defender las cajas sindicales y no, como
argumentan ellos, por el recorte del sueldo de
los estatales.
Por hoy a las 10,
cuando se inicie la cumbre sindical de la CGT
oficial (la de los «gordos») los oradores
tienen prohibido ni mencionar la frase «obras
sociales». Deben concentrar los discursos en
la encendida defensa de los salarios de los
empleados públicos.
Como les resulta
difícil justificar a los dirigentes de gremios
de la actividad privada esta súbita pasión
por los estatales recortados, agregan una
bandera de más comprensión hacia las clases
medias: el paro del viernes dirán hoy se hace
también, aunque con cierta demora, por el
aumento de los impuestos votado en diciembre
pasado.
«El gobierno
nos quiere hacer aparecer defendiendo unas cajas;
por eso no les vamos a dar el gusto y no vamos a
hablar de obras sociales hasta que los abogados
nos den un informe detallado de este decreto»,
fue la voz oficial que surgió de la reunión de
ayer a media tarde en el sindicato de Comercio.
Consigna
Estuvieron allí
el dueño de casa Armando Cavalieri (con
su asesor letrado J. Tomassone), Luis
Barrionuevo (gastronómicos), Juan José
Zanola (bancarios), Andrés Rodríguez
(estatales), Antonio Cassia, (petroleros),
Carlos West Ocampo (enfermero que asistió
a la reunión acompañado de su abogado, que
además es su sobrino), Rubén Pereyra, Rogelio
Rodríguez (carteros), Pedro Goyeneche
(textiles) y el master lawyer de los «gordos», Ernesto
Garzón Maceda.
La mesa de tarde
estableció la consigna de hierro de acá en
adelante: no hablar más de obras sociales. «Total
hasta el 1° de enero hay tiempo de hacer algo.
Van a pasar tantas cosas hasta entonces...»,
masculló uno.
Otro, incontenible
se animó a violar el veto sobre ese tema: «Además,
muchachos, el gobierno nos acusa de defender la
caja. Y ellos van a manejar los $ 600 millones
del fondo solidario para ayudar a las obras
sociales ¿Eso no es una caja?» Ante el
silencio general, insistió: «¿Eso no es una
caja?»
-«¡Sí!»
respondieron todos. «¿Y quién la va a
manejar?... ¡Ellos, el gobierno! ¿Y cómo la
van a manejar?... ¡Como una caja, porque es una
caja como hace Flamarique, que reparte
políticamente los planes Trabajar!»-.
«De eso no
íbamos a hablar», amagó otro, pero algunos
sacaron papeles: «Acá me tienen que explicar
por qué es un decreto de necesidad y urgencia,
cuando va a regir desde el año que viene ¿Cuál
es la urgencia? Embromarnos y decirle a la gente
que vamos al paro para defender privilegios»,
preguntó un «gordo» mirando a los abogados. Garzón
Maceda pidió tiempo para dar una respuesta:
hasta ayer el decreto no había sido publicado en
el Boletín Oficial y los abogados no creen en
nada que lleve ese sello de legitimidad. Ni en
las publicaciones periodísticas que ayer dieron
cuenta sin dudas de la intención del gobierno.
En el ánimo de
hurgar propósitos, no faltó un sagaz que
levantó el recorte y puso el dedo en el
artículo 15º del decreto. Es el que faculta
al ministerio de Héctor Lombardo a contratar
con una compañía de seguros la cobertura de los
tratamientos de alta complejidad o de alto costo
y baja frecuencia de uso. «Este artículo tiene
nombre y apellido; quiero saber qué compañía
de seguros va a contratar este servicio para un
padrón de 11 millones de afiliados que hay en
las obras sociales», clamó otro. Estos
dirigentes saben bien que con esa cantidad de
beneficiarios el sistema mismo podría asumir el
seguro.
Los presentes
anotaron ese tema como el primero que le
llevarán al gobierno en la ronda que en secreto
esperan iniciar.
Más todavía, hay
algunos de los presentes que en ningún momento
han dejado de conversar con ministros del Poder
Ejecutivo empapados de los «principios
solidarios», como le llaman los
sindicalistas a la doctrina que ellos defienden.
Impugnación
Un segundo punto
será la impugnación a la posibilidad de que un
afiliado cambie permanentemente de obra social o
prepago. «Antes -se recordó en la
reunión- un trabajador debía permanecer por
lo menos un año en las obras sociales de su
actividad. Ahora va a ser un loquero de pases y
ya se sabe que el que se pasa, es el que está
más enfermo y busca mejor atención».
Un tercer reclamo
es más político: los «gordos» ven que la
libre elección de obra social o prepago atenta
contra la sindicalización. «Si un sindicato
no le ofrece obra social al trabajador, ¿por
qué éste se va a afiliar a un sindicato?»
Quedaron todos
pensativos: «¿Y de esto no vamos a hablar?
¿De qué vamos a hablar entonces?», se
inquietó un «gordo».
«Vamos a
quejarnos del impuestazo y del recorte de los
salarios» ¿Quién va a hablar? «Todos,
en el confederal de mañana (por hoy) vamos
a hablar todos». ¿Moyano viene? «Hablé
con Moyano -dijo Barrionuevo, el
único que mantiene diálogo con el camionero-, pero
hay que esperar a después del viernes.
Rodríguez,
de los estatales enfilados en la UPCN -challenger
de la ATE de Víctor De Gennaro- venía con la
sindicación de otro lote de estatales que irán
al paro un día antes, el jueves.
No logró que a la
reunión que hizo por la mañana en sus oficinas
asistiese ningún representante de De Gennaro,
hoy más pegado que nunca a Hugo Moyano.
Igual, Rodríguez llevó la adhesión de
un manojo de sellos sindicales ligados al Estado:
bancarios de entidades oficiales, Aduanas (el ex
diputado Sueyro), impositiva, personal
civil de la fuerzas armadas, dragado y
balizamiento (Juan Carlos Smith), Vialidad
(el compañero González), minoridad y
hasta los afiliados a Comercio que trabajan en el
ANSeS de cuando existía la recordada CASFEC.