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Cupones bursátiles
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Cupones bursátiles

Justo al cierre de la rueda del primer día, de un mes de junio del año 2000... (quede esto como para el archivo histórico) se dio a conocer la renuncia de los dos principales exponentes de la Comisión de Valores. No vale agregar nada más sobre lo que ya dijimos días antes. Se podría, decimos no vale. Y con tan lacónico parte: se puede dejar representado este acto que, dentro de lo que sucede en el país, es intrascendente. Pero debiera resultar trascendental en lo que hace al sistema bursátil. Una opinión periodística se nos permita: si es que ahora el puesto se va a rifar y para que todo continúe como venía, o peor tal vez (una especialidad nacional, hacer las cosas peor que nuestro antecesor y, así, sucesivamente). Le diríamos a nuestro señor ministro Machinea que ya que salvó a la imprenta del Congreso, que la suplante con este organismo. Y en este punto hay que hacer una distinción valiosa: damos por sentado que dentro de la CNV hay un plantel de profesionales de carrera, con mucha experiencia, para cumplir una buena tarea. Pero el drama nacional es que son las cúpulas quienes aterrizan por los techos de las instituciones y aplastan todo con el poder de decisión. Como en esta metafórica «rifa», el mismo día en que se anunció la renuncia ya se hablaba de por lo menos tres postulantes (o autopostulantes) que habrían comprado numerosos, mucho nos tememos que el resultado sea precisamente el de enviar personajes que quieran utilizar el cargo como para darse algún realce propio (dos de los tres que nombraron, ya saben bastante de eso...) o que representen en noventa por ciento a los grupos de control y en casi nada a los inversores minoritarios. La otra variedad en estas especies que nunca acaso leyeron cuáles son los fundamentos de una Comisión de Valores, resulta de los que creen que ellos están para salvar al sistema y acomodar todo a lo que quiera el inversor de afuera.

Lo esencial de esto, que es encontrar la gente adecuada y que desempeñe una tarea profesional, ajustada al espíritu que debe tener el organismo, solamente puede ser viable si se le devuelve la «autarquía» al organismo. Y si el cargo tiene una vigencia por encima de cualquier cambio político, como fue diseñado.

La necesidad de remozar el articulado, de incorporar todas las figuras delictivas y desvíos modernos, más una apropiada sumatoria de castigos efectivos y muy duros, resultan el andamiaje necesario para ejecutar la función. Lástima que esto sea sólo un sueño, sólo hay que esperar quién resulta el agraciado con el premio de estar a cargo de la CNV. Y dale que va...

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