Escribe Edgardo
Slemenson (*)En el marco de la
crisis que se atraviesa, es pertinente propugnar
un nuevo modelo de gestión para los recursos
públicos destinados a la Vivienda Social a
través del Fonavi.
No se debe seguir
haciendo más de lo mismo: utilizar la totalidad
del Fonavi para aplicar a la construcción de la
vivienda y otorgar a los constructores 100% del
costo de edificación. Ello significa un apoyo
directo a la oferta, un «subsidio al ladrillo».
Por el contrario, esos recursos financieros deben
prestarse a las familias, en forma de créditos
complementarios para la compra de las viviendas
edificadas por el sector privado, a su costo y
riesgo, con la financiación de la banca privada
y en terrenos privados. Puede ser vivienda
edificada o a construir.
Si se presta a una
familia $ 200 por mes para complementar el pago
de una cuota, en todo el año suman $ 2.400. Si
se conceden estos créditos a 15 familias, se
alcanzarían los $ 36.000. Ese es casi el mismo
valor que en la actualidad tiene el costo de
edificación de una sola vivienda. Así, se
multiplican por 15 las soluciones habitacionales
con el mismo dinero. Uno de los roles del Estado
consiste en equilibrar los intereses de la
sociedad. Cuando el Estado convoca al sector
privado a edificar, por una parte, atiende a una
oferta actualmente desconectada del sector de la
construcción, considerando que esta industria
tiene capacidad ociosa, a pesar de disponer de
recursos técnicos y financieros del mercado,
casi ilimitados.
Multiplicador
La construcción
es un multiplicador de la actividad económica y
utiliza sólo productos e insumos de origen
nacional, sin consumir divisas para importación.
Ocupa mano de obra masiva en tareas productivas,
y esa ocupación genuina debe tender a sustituir
a la actividad subsidiada de gran parte de los
planes Trabajar, inaugurados durante la anterior
administración.
El Estado,
subsidiando a la demanda, es decir, prestando a
las familias, activaría a decenas de miles de
compradores potenciales de los sectores
medio-bajo y bajo que pueden pagar solamente
entre $ 250 y $ 350 mensuales, de cuota por su
vivienda. Mediante un crédito complementario de
$ 200 pasarían a ser compradores de vivienda,
con capacidad de pago de entre $ 450 y $ 550
mensuales. Con el mismo dinero que hoy el Fonavi
permite acceder a la vivienda a unas 30.000
familias en todo el país, se puede dar idéntica
solución habitacional a más de 300.000
familias. Este modelo de gestión que
propugnamos, ya fue experimentado en la Ciudad de
Buenos Aires. Los entonces jefe de Gobierno,
Fernando de la Rúa, y secretario de Hacienda,
Adalberto Rodríguez Giavarini, mediante el
Decreto N° 861-GCBA-98, crearon el Programa
Habitacional «Casa Propia» de coparticipación
y cofinanciación con el sector privado.
Inversión
Este, en su primer
concurso de factibilidad convocado en 1999,
obtuvo el ofrecimiento de 1.148 viviendas
sociales, construidas y financiadas por el sector
privado y sobre terrenos privados. La inversión
totaliza $ 59.315.037 de los cuales el Fonavi
aporta solamente $ 1.157.800. Ello permite
reasignar y destinar ahora, a los segmentos
sociales más castigados por la crisis y
desatendidos, los $ 58.157.237 restantes no
requeridos. Todo ello sin haber desatendido en
absoluto, al segmento social un poco más
pudiente, tradicionalmente beneficiario del
Fonavi.
El Gobierno de la
Ciudad sólo aportó la lista registrada de los
compradores y su rol de equilibrador. Indujo a la
edificación de un «nuevo producto» de
viviendas no suntuosas, pero cumpliendo las
condiciones de habitabilidad, en zonas urbanas de
terrenos más baratos, y sin gastos de promoción
y venta, por estar prevendidas. Este producto no
estaba antes ofrecido en el mercado inmobiliario.
(*) Consejero
superior de la UBA y director del Centro de
Investigación de la Ingeniería Urbana y la
Vivienda -Facultad de Ingeniería- UBA.